
See you then, my dear left hand, far away from letters. Find you in a mute mood, unpredictable when you will push me to get rid of daily life and go to the mountains to write down the inner ink my blood becomes at angry times.
Historias de la Ciudad de México

Hoy quiero brindar por los diez años de "La Tesis Doctoral", un libro que me reconcilió con mi pasado estudiantil y el presente de esos días. Un libro que recoje mis impresiones de la época, días turbulentos llenos de droga y sexo desenfrenado. Entonces el desencanto reinaba en mi ánimo y sólo el acto de renuncia de mi doctorado me salvó de una amargura que quizá aún permearía en mi vida. Un libro liberador donde saqué toda la ideología y patrañas que tenía en la cabeza. Un libro que es una purificación tras demasiada intoxicación en el ser.Basándose en estudios del cerebro y en testimonios arqueológicos, Julian Jaynes nos muestra que los pueblos antiguos, desde los de Mesopotamia hasta los del Perú, no tenían la consciencia de introspección por lo que experimentaban alucinaciones auditivas que, procedentes del hemisferio derecho del cerebro, indican lo que debe hacer una persona en circunstancias nuevas o deprimentes.
Me gustó verlo a los ojos de esa forma, en claroscuro, una lámpara iluminándole la espalda Entonces su sonrisa era enigmática, a diferencia de la sonrisa amplia que exhibía bajo la luz. Esa fue la primera noche que dormimos juntos. Fue cuando me quedó un poco más claro quién estaba detrás de ese hombre con dos teléfonos móviles , cada uno con software distinto; con dos nombres, empleado cada uno en ámbitos distintos,;la faceta seria e inteligente mostrada en público y el furor sexual que exhibía en la intimidad. Alguien que no podía compartir la noche de la piel dormida con un extraño y se envolvía en su propia ropa, evitando el contacto accidental. El hombre que se movía en una parte de la ciudad más cosmopolita que el suburbio donde había nacido y que evitaba cualquier estímulo sensorial, pese a que su familia provenía de El Cedral, uno de esos pueblos que comunica la carretera que bordea el desierto de Wirakota, el lugar donde se creó el mundo según la concepción huichola del peyote.
Al irse no dejó nada. Yo mismo revisé que no olvidara nada. Quería disfrutar su ausencia así como gocé su presencia. Al salir de casa éramos dos nuevos amigos que se conocen un poco más. Tan simples.

