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Camino hacia la nada. Me aproximo hacia un final que esta vacío de forma y contenido. La disolvencia total. No hay nada más en el allá. Todo lo que pudo haberme pasado en sueños ya ocurrió. La vida es una enfermedad que se cura al extinguirse. Cuando ya no esté aquí será dormir sin consciencia. Se acaba, se va.
Fue la víctima de una falsa alianza entre señoríos zapotecos consumada a través de una boda. La traición culminó con su asesinato. Hallaron su cabeza, incorrupta, a las orillas del ríoAtoyac. Del orificio de un oído surgía una azucena. El escudo de la ciudad de Oaxaca porta su imagen.
Soy el creador de esta imagen. Yo la vi. Nadie más. Quizá se parezca a imágenes creadas por otros. No lo sabía ni me importa. Es posible que todo esté dicho, pero no para mi. Así como tampoco creo a los entrenadores de gimnasio que deba tener un cuerpo similar al de ellos. No disponemos del mismo tiempo, no padecemos de los mismos vicios -ni las mismas enfermedades-, ni gozamos de los mismos placeres como para que crean que seguiré sus instrucciones. Tomo del mundo lo que me gusta y lo que está al alcance de mis posibilidades. No hay más.
¿Sin lujuria? ¿Sin gusto por la existencia? Si se estima que el próximo año habrá 7 mil millones de habitantes en este planeta ¿Tiene relevancia alguna mi vida? ¿O la tiene simple y sencillamente porque el mundo que percibo es una mera ilusión, cosa que presiento desde que era niño?Y si asi fuera ¿Por qué este estado sin ánimo? ¿En qué momento me aburrí de mi mismo?
No entiendo la alegría de los otros al grado que incluso me parece intolerable. La amargura está dentro de mi ser desde muy corta edad. No es envidia hacia el bienestar de los otros, sino simplemente una noción de que ese estado es transitorio, iluso, etéreo. Las personas que son eternamente felices me parecen estúpidas. Los que llegan a la mediana edad creyendo en la felicidad también. Mas esta amargura que tengo la sé disimular bien. Sólo los más cercanos la perciben.
He llegado a una edad en la que prefiero pasar mi tiempo libre solitario. Ya no me entusiasma nada, sólo alegrías momentáneas por eventos materiales. La música, el descanso, el sueño, el vino. pero detesto ver fotografías de otros mostrando su felicidad.
Estoy convirtiéndome en alguien peor de lo que he sido.

Arena arrastrada por un mar frío. Llévate los malos sueños, aquellos que interrumpen mi noche. Equinoccio: desvela el misterio de este pasado viaje ¿Por qué el sol salía donde debía ocultarse? ¿Por qué el atardecer ocurría en el sentido contrario? He encontrado el sitio donde podría dejar mi piel secarse bajo el sol. He hallado el mar cuya serenidad exorcizará las pesadillas soterradas. Sin ellas podré vivir más ligero de equipaje y gozar en verdad de la playa de Cerritos que asemeja una piel de cebra.
Despierto en la madrugada, agobiado por pesadillas. No hubo cena que las favoreciera, sino una clase de yoga intensa a la que entré con furia soterrada. En las primeras asanas sentí mi cuerpo: lo percibí hinchado, indigesto, tieso. Me dediqué a encender el fuego interno con la respiración. Apliqué los sellos del cuerpo para intensificarlo. Cerré mis ojos a los otros. Me dediqué a escuchar las indicaciones y seguir la secuencia. No vi más hacia afuera.Lo primero que conté a otro fue que la clase me habría exprimido el cuerpo. Bebí dos copas de vino antes de dormir. Tuve pesadillas en las que el pasado se reveló con otra posibilidad. El camino que dejé hace años volvió ante mi pero tenía acceso a otras opiniones, a otras voces, a otros medios. El camino del doctorado abandonado porque no podía más. La frustración de no cumplir ha vuelto ha apoderarse de mi. Despierto en la madrugada con esa lucidez filosa que me empuja a la revisión de mis actos recientes, a los actos del último año. Pienso en las horas que paso frente a la laptop saltando de página a página sin sentido, aburrido. Me alejo de esos pensamientos. Examino mi conducta. Exploro posibilidades. Todo sucede muy rápido. Es el fragor de la actividad mental de la pesadilla pero ya despierto. Desfilan ante mi situaciones hipotéticas. Me examino en ellas. Hora de la autoevaluación. Agradezco reencontrarme con el Yoga.
Sucedió como una iluminación repentina: el viaje. Sin planearlo mucho, sólo una casualidad, una idea, un proyecto cumplido.Y después de ese viaje a esta ciudad nostálgica no podía creer que hubiera ocurrido. Y me cuesta trabajo pensar que existe. Quizá porque mi vida cotidiana me tiene enajenado.
Nunca imaginé este día. En mi adolescencia pensaba que moriría alrededor de los 30 años. No fui elegido de los dioses. Tras un periodo reciente en el que no hallaba sentido a mi vida, ahora me propongo viajar más, disfrutar cada minuto que queda, olvidarme de la espada de la enfermedad que pende sobre mi cabeza si no me cuido, apreciar a mis amigos y estar en paz. No descartaré las noches salvajes, pero serán menos frecuentes. Y gozar de las cosas buenas que tengo ahora, porque el futuro siempre es incierto.Me felicito por llegar vivo y en buena condición física. De adolescente me propuse no ser un maduro gordo y acabado. Enhorabuena por ello.
Año nuevo, vida nueva. 42 años. 4 es el doble de 2. Números. Una edad interesante. Los hombres de mi edad crían a sus hijos preadolescentes. No tengo intención de criar a nadie. Lo más próimo y emocionante es un viaje a Barcelona y después a Lisboa. Viajar a una ciudad sencilla y sin pretensiones. País cuna del portugués que me gusta tánto. Las raíces de Mr. Varig. Quizá deba leer a Pessoa antes del viaje.